Hay imágenes que parecen eternas. La falda blanca levantada por el aire del metro en The Seven Year Itch es una de ellas. Sin embargo, una nueva exposición en París propone mirar más allá de esa postal universal para descubrir a la mujer que existía detrás de la leyenda. «Marilyn, Portrait d’une Enfant Radieuse» reúne una selección de fotografías que exploran el lado más íntimo, luminoso y vulnerable de Marilyn Monroe, alejándose de los estereotipos que durante décadas definieron su imagen pública.





Presentada en La Galerie de l’Instant, la muestra estará abierta del 1 de junio al 15 de septiembre de 2026 y toma como eje principal el trabajo del fotógrafo Sam Shaw, uno de los amigos más cercanos de la actriz y responsable de algunas de las imágenes más memorables de su carrera. La exposición también incorpora fotografías de Lawrence Schiller y Georges Barris, ofreciendo un recorrido visual por los últimos años de vida de Monroe.
Más que retratar a una estrella de Hollywood, la exposición busca mostrar a Norma Jeane, la mujer detrás del personaje. Las fotografías capturan instantes cotidianos: Marilyn preparándose frente al espejo antes de un rodaje, disfrutando del verano en Connecticut junto al dramaturgo Arthur Miller, compartiendo momentos de complicidad con amigos o simplemente dejando de interpretar el papel de la celebridad para mostrarse auténtica. Son escenas que revelan una faceta serena y profundamente humana de una de las mujeres más fotografiadas del siglo XX.
El recorrido también rescata la relación de confianza que existía entre Monroe y Sam Shaw. Esa cercanía permitió que la actriz bajara la guardia frente a la cámara, dando lugar a retratos cargados de naturalidad y sensibilidad. En lugar del glamour cuidadosamente construido por los estudios de cine, aparecen gestos espontáneos, sonrisas sinceras y momentos de introspección que hablan tanto de su fortaleza como de su fragilidad.
Uno de los hilos conductores de la exposición es la reflexión sobre la dualidad entre Marilyn Monroe y Norma Jeane. El ensayo que acompaña la muestra recuerda una célebre frase escrita por la actriz acerca de Arthur Miller: «Las películas son mi trabajo, pero Arthur es mi vida», una declaración que resume el constante conflicto entre la figura pública y la mujer que buscaba una existencia lejos de los reflectores. Esa tensión también se refleja en las imágenes donde aparece maquillándose o contemplando su propio reflejo, como si asistiera a la transformación entre ambas identidades.
El título de la exposición está inspirado en un texto de Truman Capote, quien definió a Marilyn como una «niña radiante». Esa idea atraviesa toda la muestra: una mujer cuya luz seguía brillando incluso cuando convivía con profundas inseguridades. Lejos de construir un relato nostálgico sobre el mito, la exposición propone redescubrir a Marilyn Monroe desde una perspectiva más íntima y emocional, recordando que detrás del ícono inmortal existió una persona que buscó, como cualquiera, ser comprendida.